Jesse Owens

18 octubre, 2012 Posted by M

En la web de la RFEA, encontramos este interesante artículo sobre Jesse Owens, que esperamos os guste a todos.

Enlace del artículo en RFEA

Centenario IAAF 1912-2012: Grandes Figuras del Atletismo Jesse Owens, cuatro oros olímpicos con zapatillas alemanas
Por : Miguel Villaseñor (miembro de la Asociación Española de Estadísticos de Atletismo – AEEA)

Las zapatillas con las que Jesse Owens ganó cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Berlín, en 1936, nos parecen hoy, sin duda, rudimentarias. Adi Dassler, fabricante alemán de calzado deportivo, se coló en la Villa Olímpica en aquellos Juegos con una maleta llena de zapatillas fabricadas por él y convenció a Jesse Owens para que compitiera con ellas. Este accedió y Dassler se las regaló. Eran las primeras zapatillas con clavos removibles. Es curioso que Owens ganara sus cuatro oros con calzado de fabricación alemana. Ese calzado lo podemos ver hoy mismo en la Exposición del Centenario de la IAAF, abierta al público el pasado 15 de octubre en el Museo Olímpico de Barcelona.

La población de Oakville, en el norte del estado de Alabama, en Estados Unidos, vio nacer en 1913 a James Cleveland Owens. 23 años más tarde ganó en los Juegos Olímpicos de 1936, en Berlín, cuatro medallas de oro, cuatro títulos olímpicos en las pruebas de 100 metros, 200 metros, relevos 4 x 100 metros y salto de longitud. Por este logro y por sus récords mundiales ha sido considerado por muchos aficionados y durante mucho tiempo como el mejor atleta de todas las épocas. Al poco de acabar los Juegos, Owens se retiraría de la competición. El atletismo no daba para vivir a todo un cuádruple campeón olímpico. Nunca sabremos donde estaban sus verdaderos límites. Otro velocista-saltador, su compatriota Carl Lewis, del que hablaremos dentro de unas semanas, igualó en 1984 su gesta olímpica, calcando la actuación de Owens.

Pero la figura de Jesse Owens traspasa ampliamente los límites puramente deportivos, no digamos ya atléticos. Ningún atleta de la historia puede decir lo mismo en tan grande medida. Al de Alabama le tocó vivir en un mundo convulso, abocado de forma casi irremisible a una conflagración mundial que cambiaría el mundo y significaría sufrimiento, dolor y muerte para millones de personas. Su vida no fue nunca nada fácil, ni cuando recogía algodón con sus manos, con sólo ocho años, en su Alabama natal; ni cuando debía trabajar en lo que fuera en su Cleveland de adopción, compaginando trabajo, estudios y entrenamientos y sacando adelante a su joven familia.

Su gesta, esos cuatro oros que acompañarán a su figura para el resto de su vida, significó en lo deportivo la irrupción definitiva de los atletas de raza negra en la élite del panorama atlético mundial. Y trascendiendo el orden deportivo, su gesta fue un firme pero sereno aldabonazo a las conciencias y a la supuesta supremacía de la raza blanca, un alegato a favor de la igualdad entre los pueblos y razas que pueblan nuestro planeta. Los logros de aquel sencillo atleta tuvieron como escenario unos Juegos Olímpicos organizados de forma impecable para el ensalzamiento de un régimen político basado en la injusticia y la desigualdad, un escaparate perfecto para mostrar al mundo la perfección aria que habría de imperar en el mundo.

El espíritu de Jesse Owens fue siempre conciliador, tanto que muchos de los protagonistas del Black Power en 1968 le llamaron Tío Tom, acusándole de estar a favor de un mundo diseñado por los blancos. Pero él mismo sufrió siempre en sus carnes la discriminación racial, incluso en su propio país cuando hubo ganado sus cuatro oros olímpicos. Siempre de forma pacífica y tranquila, quizá sin él proponérselo, luchó contra la intolerancia y la tiranía. Owens siempre defendió el deporte como elemento reforzador de la dignidad humana, poniendo siempre en primer término los valores de la dedicación, la disciplina y el esfuerzo por un lado y del respeto a los demás por otro; y extrapolando estos valores fuera del campo deportivo, a nuestra vida cotidiana.

Su sintonía y sana rivalidad deportiva y su posterior y profunda amistad con Lutz Long, su gran rival alemán en aquel salto de longitud mítico de Berlín 1936, ejemplifican al máximo la solidaridad y la armonía entre los pueblos, esa armonía que debe imperar siempre en el deporte. Armonía que cobra más valor si cabe al analizar las circunstancias en las que se produjo. Lutz Long fue una de las 70 millones de personas que perdieron la vida en la Segunda Guerra Mundial; este fue, en unos momentos complicados, un ejemplo de deportividad y espíritu olímpico. Owens dijo: “todo el oro de mis medallas no vale lo que la amistad que hice con Long en aquel momento”.

En estos días el atletismo estadounidense debate quienes han sido sus mejores atletas de 2012, quienes son los herederos de aquel niño enclenque, nieto de esclavos, que recogía algodón con ocho años de edad. Los premios a los mejores atletas de Estados Unidos se llaman, como no podía ser de otra manera, “Jesse Owens”.

Visita la exposición del Centenario de la IAAF 1912-2012 que se encuentra en el Museo Olimpico y Deportes Joan Antoni Samaranch y abierta al público desde el pasado 13 de octubre, en horario de 10.00 a 18.00 horas y que permanecerá abierta hasta el 25 de noviembre, coincidiendo con la celebración, también en Barcelona, de la Gala del Centenario de la Federación Internacional de Atletismo.El precio único para poder visitar esta magnífica y exposición es de 4,55 euros.

miguelvillasenororozco@hotmail.com

@MigVillasenor

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